viernes, 24 de diciembre de 2010

Rigor mortis de una estrella de mar


Sola, atropellada en el centro de la ciudad y a escasos metros de mi nuevo piso... Es cierto que en cualquier parte de Coruña el mar está cerca, pero nadie se explica cómo ha llegado hasta el asfalto.
Sus extremidades adoptan una postura... se adivinan piernas, cabeza y brazos en un gesto desesperado.
Probablemente no fuese este su destino, pues un paso de cebra es un zona de tránsito. No es lugar para una estrella de mar.
Me pregunto si en su último aliento, agonizante en la noche, se viese más cerca de las otras estrellas.

3 comentarios:

Iris dijo...

La estrella de mar que se creía peatón...

Kiko Pastur dijo...

Tal vez creyó que también podía nadar en el aire.

Angeles dijo...

Era un estrella de una constelación lejana que quiso conocer el mar. Pero el frío de nuestras playas le resultó insoportable (no sabía que estábamos en invierno) y por ello huyó corriendo. Intentaba regresar con las suyas y la luz cegadora de un coche la confundió. Por un instante, ese último instante, creyó que esa luz cegadora emanaba de su madre y se abalanzó sonriendo. Ya había conocido el mar y regresaba al hogar... Dicen que no sufrió.